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Estamos
solos. Pero en el cuarto no estamos ni tú ni yo. La cabeza de
mármol, desde la mesa limpia, sigue mirando fijamente el hueco
de la ventana. El sol surge, o se pone —no es importante—,
ya que los ojos duelen igual a causa de la luz oblicua. Pubblicato nei siti letterari Químicamente impuro (a cura di Sergio Gaut vel Hartman —Argentina) e El callejón de la carne (a cura di Ricardo Bernal e Mónica Sánchez Escuer — Messico)
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